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Burdeos, un viaje perfecto para el puente de la Constitución.

Buredos viaje de fin de semana

Burdeos, la ciudad del vino.

Tal vez sea la primavera la estación del año ideal para visitar la región de Aquitania pero hay escapadas que se disfrutan mucho más cuando se realizan fuera de temporada, cuando hay menos gente, sin colas, sin necesidad de reservar mesa con meses de antelación y cuando los hoteles con encanto tiene precios mucho más accesibles.

Burdeos es una de esas escapadas perfectas para un puente de tres o cuatro días. Al atractivo de formar parte del exclusivo club de ciudades Patrimonio mundial de la Unesco, se le añade  «La Ciudad del Vino» y por si fuese poco, Burdeos fue elegida la mejor ciudad para viajar en el 2017 según la prestigiosa Lonely Planet.

Es una ciudad accesible y cómoda, con unos 240.000 habitantes que tiene precioso casco histórico de 150 hectáreas, llenas de plazas y calles con casas y monumentos llenos de encanto.

En este artículo me gustaría hablaros de la ciudad del vino y de dos interesantes excursiones por los alrededores de Burdeos, además de una mini guía de dos días en la ciudad, pero el valle de Loira es realmente espectacular por ello os recomiendo que leáis el artículo que publicaremos la semana que viene sobre los Catillos del valle de Loira, que sin duda alguna completarán el viaje perfecto para el puente de la Cosntitución, si la climatología lo permite claro.

Centrándonos ya en la ciudad, algo que posiblemente no encuentres en las recomendaciones turísticas es el barrio de Chartrons, un lugar característico y alejado del centro turístico, allí, en Rue Notre Dame encontrarás además de elegantes tiendas de antigüedades y decoración, exquisitos bares de vinos.

Pero si imprescindible es visitar Burdeos no menos lo es visitar “La Cité du Vin” que a pesar de su juventud,  ya se ha convertido en un imprescindible lugar de peregrinaje para los amantes del vino. Al llegar sorprende su elegante silueta de curiosas curvas y originales tonalidades, que cambian según la luz del día,
Es un moderno complejo arquitectónico donde el visitante se sumerge en la cultura del vino desde todos los puntos de vista.
Además de visitas guiadas hay programados talleres, cursos, catas y exposiciones de arte.

En esta moderna catedral del vino de 14.000 metros cuadrados, encontramos gran cantidad de sorpresas como un mirador panorámico, de 360º, llamado “Le Belvedere”, cuyo techo está decorado con una gigantesca lámpara compuesta por miles de botellas de vidrio, aunque las mayores sorpresas son las que afectan a los sentidos del gusto y el olfato.

También entre sus atractivos se encuentra un bar especializado en vinos del mundo y un restaurante con impresionantes vistas sobre los viñedos.

Y estar en Burdeos y no hacer las dos excursiones que les voy a proponer sería una auténtica pena.

saint emilion cerca de Burdeos y sus bodegas

St-Émilion

Una es al pueblecito de Saint Emilion a tan solo 45 Kilómetros, una de las principales zonas de vino tinto de Burdeos junto con Médoc, Graves y Pomerol. Solo un paseo por sus calles merecería la visita pero no pueden irse sin visitar alguna de sus famosas bodegas como la imponente Chateau Cheval Blanc y los pasajes subterráneos del pueblo con sus bodegas que les impresionarán seguro.

La joya medieval de Aquitania se alza por encima de un sinfín de viñedos y es célebre por producir vinos tintos con cuerpo, centro de dos denominaciones de origen, Saint-Émilion Grand Cru y Saint-Émilion AOC.

El pueblo está construido sobre un semicírculo de colinas frente al río Dordogne, con las casas formando una especie de anfiteatro y lleno de calles estrechas y escarpadas , como un cáscara protectora alrededor de la cueva de San Émilion, uno de los tesoros de esta entrañable aldea medieval.

Dentro de la cueva se esconde una capilla medieval y una iglesia monolítica subterránea que dejará al visitante con la boca abierta: si se suben sus 187 escalones que conducen al campanario, el premio es admirar el mapa de iglesias y callejuelas, merecedor de Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Otro de sus monumentos más llamativos es el Menhir de Pierrefitte, construido hace unos 5.000 años por marineros que llegaron hasta allí a través del río Dordogne.

Pero por lo que de verdad es conocido a nivel mundial este pequeño rincón francés es por los viñedos que rodean el pueblo, pertenecientes a unas 860 bodegas diferentes, cuatro de las cuales tienen el sello Premier Grand Cru Classe A, el sello de máxima calidad.

Una zona que ha cultivado la uva desde tiempos de los romanos y en la que aún se elabora el vino de manera tradicional en alguna bodega histórica como el Château Guadet.

Duna de Pilar en la bahía de Arcachon Francia

Duna de pilat

Y tan sólo a una hora  en coche desde Burdeos, se avista Le Pyla – sur-Mer, una pequeña localidad célebre por su duna de arena, la Duna de Pilat,  una enorme formación de arena natural costera acumulada en el litoral aquitano que a 104 metros de altitud domina un panorama excepcional de la bahía de Arcachon, donde en la punta del cabo se sitúa un pueblo apacible del mismo nombre, donde ya a la aristocracia europea de finales del siglo XIX le gustaba pasar el invierno debido a la suavidad del clima, por lo que las casas conservan el encanto extravagante de la época: hasta el rey Alfonso XII se dejó seducir por sus innovadoras talasoterapias. Cada año, miles de visitantes llegan hasta aquí para disfrutar de su arena blanca, hacer windsurf y avistar pájaros en la cercana reserva natural de Banc d’Arguin.

Un lugar que además hará las delicias de los amantes de las ostras, y un secreto, mejor que en un restaurante hay que dejarse caer por el puerto ostrícola de Gujan-Mestras, y probarlas en la cabaña de un ostricultor que además de mostrarle encantado su profesión le deleitará en su mesa con exquisitas ostras acompañadas de limón, pan, mantequilla y vino blanco.

¡Bordeaux vous attend!

Burdeos, la mejor ciudad para visitar de 2017: qué ver y hacer durante 3 días.

Lonely Planet ha elegido Burdeos como la mejor ciudad para visitar en 2017. Este paraíso gastronómico plagado de ‘wine bars’, tiendas gourmet y bistrós, también reúne una gran oferta artística y cultural. Le explicamos qué hacer y ver en Burdeos durante una visita de tres días.

Por asunto de exilios, Francisco de Goya disfrutó los últimos cuatro años de su vida en esta bellísima y monumental ciudad regada por el vino y por el Garona. Aseguran que allí dejó puesta la primera piedra del impresionismo.

El aire calmado y la joie de vivre que impregna este París a escala, esta dama neoclásica y barroca que se columpia entre viñedos y que fue tres veces capital francesa. Preñada de bistrós, hipsterismo, pastelerías y bombones, wine bars donde te hablan de sagas y châteaux, y con más sumilleres por metro cuadrado que ninguna ciudad del mundo.

A continuación os damos una pequeña guía de qué ver y hace para disfutar de Burdeos dos días.

Día 1

9:00 h : Café y merengue. Desde el aeropuerto de Merignac el tren conecta con la estación de Saint Jean en apenas 30 minutos (12,30 euros ida/vuelta). Una vez en el centro y tras el check in en el Hotel de Séze, cualquier café recoleto del centro histórico sería un buen arranque -por ejemplo el Couleur Café -, para leer ‘Le Figaro’. La tertulia se puede mojar con las creaciones de Chez Pascal Dunes Blanches, una pastelería delicadísima y entregada sólo los merengues. En La Maison Poetique hay mobiliario y decoración para los que gustan de tendencias en interiorismo, como paso previo a sacarnos en la Oficina de Turismo la City Pass. Para dos jornadas cuesta 26 euros y da derecho a entrada libre a museos y movilidad total, aparte de descuentos concertados.

 12:30 h: En el barrio de moda. Para almorzar la oferta del centro apabulla, pero eso es lo proverbial, porque el barrio que es tendencia se llama La Bastide y está en el margen derecho del río, a 10 minutos en taxi. Allí encontramos un multiespacio sostenible y ecológico bajo el nombre de Proyecto Darwin, con su hangar-restaurante orgánico, Le Magasin General (tícket medio, 23 euros), su neoindustrialismo de Instagram y su rabiosa vanguardia. Hay slowfood, coches vintage, coworkingwine-bar, patinadores y toboganes, y hasta Djs a la sombra de una imagen de ‘El planeta de los simios’.

 16:00 h : Para la sobremesa. De vuelta a la ciudad, la maison chocolatera por excelencia es Darricau y lleva 102 años de golosa existencia en la Plaza Gambetta(tartina de 135 g, 7,50 euros). A dos pasos, Le Bacchus Bar del Hotel Burdigalagarantiza descorches de calidad y digestivos de postín.

 17:00 h : En honor al vino. Antes de que el sol se despida, indispensable entrar en La Cité du Vin. El icono de la ciudad es más que un neomuseo o un centro de interpretación del vino, no sólo de la región, sino de todo el orbe vinícola (bodegas españolas incluidas). Un bello edificio sinuoso y ambarino que bien podría ser un sauternes aireándose en una copa gigante a orillas del Garona, el gran tótem y orgullo posmoderno de Aquitania (entrada, 20 euros).

 18:30 h : Recorrido espiritual. El tranvía propulsado por energía solar es la mejor opción para volver al centro desde el espacio expositivo (línea B), si bien se puede hacer parada y fonda caminando por el Quai des Marques, un outlet con boutiques y restaurantes. A estas alturas ya se habrán recorrido parecidos trayectos que dirigen los pies de peregrinos galos a Santiago de Compostela. La vieira gallega es señal visible en cada esquina, sobre todo en los aledaños de la basílica Saint Michel y su desterrado campanario.

 20:00 h : Hora feliz. Antes de la cena, recalar en algún bistró con terraza, como Chez Pompon (menú a 15-20 euros) (11), o sea, vinos con música en directo.

Día 2

09:00 h : Centro monumental. Con una breve caminata se constata que el corazón de Burdeos merece los honores de Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2007, gracias en gran parte al urbanismo del siglo XVIII obra de Louis-Urbain-Aubert de Tourny. Empezar la segunda jornada con una vuelta por la Esplanada de Quincoces , con su Monumento a los Girondinos, supone un hito de lo más aconsejable en planflaneur (paseante sin rumbo fijo). En la zona se encuentran la iglesia de San Pedro, la catedral de San Andrés o la puerta Cailhau. Descanso de café o té justo al lado del Grand Theátre junto a la escultura humanista obra del barcelonés Jaume Plensa.

10:00 h : En busca de ‘delicatessen’. Frente al cercano hotel Bayonne Etche-Ona, abre la Caviar Galerie , donde degustar las mejores huevas de esturión del suroeste francés (lata de 15 g, 49 euros). Abre de martes a sábado, nada más. Si se prefieren otras delicias, entrar en Lafitte, donde están los mejores hígados de oca de todas Las Landas gracias a Pierre y Vanessa (tarrina de 180 g, 6,90 euros), o en laFromagerie Jean d’Alos, con los mejores quesos galos.

11:00 h : Cata y crucero. Antes del aperitivo, un cata magistral en L’Ecole du Vin, para empaparse bien de la viticultura circundante y del magnífico comportamiento de las uvas cabernet sauvignon, cabernet franc y merlot que crecen en algunas de las 65 denominaciones de la zona. Tras la degustación, un paseo por el Garona con almuerzo incluido se tarifa a partir de 55 euros. Lo organiza Bordeaux River Cruiseen su restaurante a bordo, Sicambre.

13:00 h : Una comida ‘gourmet‘. Si uno se decanta por un almuerzo más hípster en pleno centro, sin duda La Cagette (tícket medio, 25 euros), con Theo Saint Martin al frente de unos fogones orgánicos y desenfadados. Otra opción es el cercano Le Brasserie Bordelaise (37 euros) para probar embutidos, carnes y vinos regionales ¡hasta lamprea en su sangre! Un ambiente más íntimo lo ofrece el restaurante delHotel La Grande Maison de Bernard Magrez , que hasta hace unos meses comandó el multiestelar Joel Robuchon y ahora afronta etapa de renovación. Tres platos por 65 euros, sin vino.

 16:00 h : De compras y museos. Para los golosos vespertinos asaltan mil tentaciones: para chocolates y bombones, los de Cadiot Badie(desde 1826) y los mejores canelés (esos bizcochos con coraza de caramelo, cofre de 12 unidades grandes, 105 euros) en Baillardran. Ante tanto repertorio gastronómica, conviene hacer una pausa artística en el Palais de Bellas Artes, alojado en el Palais Rohanpara admirar tanto a Picasso como a Bruegel, Goya o Jeff Koons y su saturado pop. Otra opción es entregarse de nuevo al shopping franquiciado en la Rue Saint Catherine. O bajar peso y culpa en bicicleta a orillas del Garona (Pierre qui Roule ofrece medio día de bici por 10 euros). Y, si le gustan los skates, puede comprar uno en la trendy Workshop Skate&Coffee.

18:00 h : Paseo con encanto. Cuando cae la tarde insoslayable perderse El Espejo de Agua, frente a la Plaza de la Bolsa. Su suelo de 3.450 metros cuadrados alterna efectos nebulizados y reflejos celestes, redoblando el encanto del monumento vecino. En la terraza del contiguo Grand Castan se puede beber el atardecer entre art belle epoque y maravillarse de la vieja piedra caliza que aún arropa la barra.

 20:00 h : Cena ‘chic’. Como colofón culinario, dos estrellas Michelin en Le Pressoir d’Argent (150 euros), embutido en el Intercontinental Grand HotelLa sala, quizá con la terraza más aristocrática de Burdeos, lleva la firma del televisivo y rubicundo Gordon Ramsey, aunque quien lidie a diario con la langosta local y las trufas de Perigord sea el galo Gilad Peld.

23:00 h : Salida nocturna. Las horas canallas dan para mucho más de lo que uno imagina, si bien los locales no demoran el cierre más allá de las dos y media de la madrugada. La Gintoneria (obvia su oferta, local de moda entre barbudos) y el contiguo l’Alchimiste anteceden al sorprendente CanCan, una librería semiclandestina, con puerta cuasi secreta, que esconde un club con funkyposmoderno.

Día 3

10:00 h : Garbeo hípster. Antes del adiós, se aconseja un garbeo por la zona hípster que conforman la diminuta plaza Fernand Lafarge y la rue St. JamesPotato Head o L’Apollo son dos buenas opciones de brunch (24 euros aprox.), en una zona donde proliferan las tiendas de música con sus propios talleres para instrumentos de cuerda (Guitars & Co), perfumistas (Le Nez Insurgé) o tiendas gourmet sostenibles (Le Recharge), que podrían ser escalas con regusto antes de una última fotografía en el Puente de Piedra.

13:00 h : Despedida nostálgica. Si da tiempo al almuerzo con sobremesa, regresar la centro y sentarse en Le Petit Commerce (tícket medio, 25 euros), donde brindan solvente producto marino, atmósfera relajada y, sobre todo, riquísimas ganas de volver.

El valle de Loira

Si además dispones de más días no dejes de visitar el valle de Loira y sus castillos. Es un viaje inolvidable que ya te hemos recomendado al principio del artículo y que completará este viaje a Burdeos en un viaje excepcional.

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